CONCLUSIONES

Me observo mucho, a veces, demasiado. He observado los patrones de las personas con las que trabajo. He observado nuestros trajes, y de esa observación, he llegado a alguna que otra conclusión que ahora comparto:

- Decimos que tenemos miedo de no ser felices, de no alcanzar nuestros sueños, de no poder, pero a mí me parece que eso tiene un poco de mentira, de autoengaño. Nuestro mayor miedo es justamente el opuesto. Nos da pánico llegar a ser todo lo que podemos ser. Nos aterra la plenitud porque no nos sentimos dignos de ella, porque nos asusta no saber qué hacer con tanta abundancia, con tanta felicidad y bienestar. Porque necesitamos alguna que otra dosis de sufrimiento, porque nuestra mente nos engaña. No somos grandes porque no estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de nuestro propio brillo, ni nos sentimos capaces de dejar de ser víctimas y culpables. Pero va siendo hora ya de cumplirnos, de poner intención y atención al “sí puedo”, al ¿y por qué no?

- Nos hemos confundido en nuestras elecciones. Creemos más en el sacrificio que en el placer, más en el deber que en el ser, muchísimo más en la escasez que en la abundancia. La forma antes que el fondo, el error antes que el milagro. Creemos en el miedo en vez de creer en el amor. Es horrible, ¿no? Creemos en la mentira con mucha más seguridad que en la Verdad. En la mente más que en el corazón, en lo de fuera y no en lo de dentro. Creemos en lo que vemos en vez de creer en aquello que está detrás del velo. Creemos en lo que pensamos con más facilidad que en lo que dice nuestra voz interna, nuestra querida intuición. Y así, día tras día, sin olvidar que aquello que creo, lo creo. Necesitamos cambiar creencias, digo yo.

- Nuestros traumas, enfermedades y desajustes emocionales esconden una necesidad ilimitada de amor. Todavía somos vírgenes en la relación con nosotros mismos. Nunca nos hemos hecho el amor. Nos faltan orgasmos. Nos falta mirarnos y fascinarnos. Esta es mi tercera conclusión.

- No hay tercera sin cuarta, que habla de desconfianza. De la ausencia de fe que padecemos. De la gran limitación que es no saber confiar en nosotros sin fisuras, sin “peros”, “a veces” o “mejor luego”. Y yo creo que la fe en uno mismo es el primer escalón. Si no es firme, seguro y duradero, no habrá ascensión.

- Vayamos con la quinta: ilusión, optimismo, placer y risa. Cuatro ingredientes que nos faltan. Nos hicimos adultos y desterramos a nuestro bebé. Debemos reírnos más, bailar y bailar, que nuestro cuerpo recuerde la brutal sensación del placer, del no hacer. Necesitamos jugar y recuperar la mirada de nuestro niño interior. Piensa en sus ojos la noche del 5 de enero. Es allí a donde debemos volver. Recuperar la sensación de que es posible y fácil, de que los milagros y los Reyes Magos existen. Ver con inocencia y con ilusión. Jugar, jugar y jugar. Emocionarnos, ilusionarnos y reír hasta llorar. Hagámoslo ya.

- Y por último, para que inspires hasta el final, mi conclusión más importante. Tenemos amnesia de lo fundamental: estamos aquí para realizarnos por completo, para recuperar el amor y abandonar el miedo. Esta es nuestra apuesta, nuestra gran obligación. Y lo es porque nos debemos al acuerdo que firmamos con la Divinidad, con nuestro Padre, el Universo. Un pacto que nos pide vivir libres de las trampas del ego, de la mente y del miedo. Un contrato con una cláusula que dice: te necesito feliz , pleno y libre para que así puedas servirme y expandirme.

Sé feliz, por favor, y cuanto antes, mejor.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Wade Lambert

Photo by Wade Lambert